Elefantes marinos en Caleta Valdes y despedida en Madryn (4/4)


 -A las tres de la tarde sube la marea y aparecen las orcas, dice el guía.
-Pero ya son las cinco y todavía no aparecieron, dice Carlos
-Bueno, vienen si ellas quieren....
-Confórmense con los elefantes marinos que están siempre en esta época...
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1.-La Isla de los Pájaros.

En nuestro cuarto día de excursión nos levantamos en un hermoso día de sol.


Nos vestimos y salimos directamente a desayunar en una estación de servicio. De paso cargamos nafta y llenamos el tanque.
Salimos de nuevo para la Península de Valdes. Esta vez con destino a Caleta Valdes, para ver elefantes marinos y orcas.
En un momento se puede ver el mar a ambos lados de la ruta, lo que indica que ya estamos en el Itsmo Carlos Ameghino.
Hay un puesto de peaje y, a pesar de que pagamos ayer, nos cobran de nuevo por no haber hecho sellar los tikets al salir. En fin.
Cuando llegamos al Centro de Interpretación, donde también estuvimos, doblamos hacia la izquierda y nos vamos para el Golfo San José buscando a la famosa Isla de los Pájaros.
La isla tiene la particularidad de que cuando baja la marea se puede llegar a la isla caminando, lo que yo hice un un viaje en el año 1971.
Andamos cinco kilómetros y llegamos a un complejo sobre el mar que corresponde a la Reserva Natural Turística. Es un lugar con varios edificios y una iglesia muy particular al fondo.


Se camina por unas pasarelas pero no se puede llegar a la isla, lo que está prohibido, sino que se llega a un punto donde hay binoculares para contemplar la isla que está enfrente, a unos 800 metros.



En ese lugar nos encontramos con tres muchachos que hacen la misma visita. Vinieron desde Río Cuarto a ver la final del fútbol que se juega mañana entre Estudiantes de Río Cuarto y el club de Puerto Madryn. Todos contemplamos la Isla que es hermosa, tiene bastante vegetación para la zona y pájaros que revolotean (como su nombre indica)




Después visitamos el Centro de Visitantes donde hay fotos, cuadros e infografías que explican muchas cosas, entre otras, que la Isla de los Pájaros no es una isla propiamente dicha sino un "tómbolo", porque estás siempre vinculada a la costa.
¡Qué engaño!, dice Dicky y nos reímos todos.


Nos cuenta el guardafauna que se trata de un área reproductiva de diez especies de aves, entre ellas, cormoranes, bigualas, garzas blancas y gaviotas cocineras.
En un extremo del complejo hay una rara iglesia. Nos acercamos y está cerrada. Hay una placa que dice que la iglesia es una reproducción de la iglesia del Fuerte San José, fundado en 1779 por Juan de la Piedra para asegurar la presencia española. Parece que en 1810 los indios saquearon y destruyeron el fuerte. 
Sin embargo, el Fuerte no estaba aquí sino unos kilómetros más al este.



Nos asalta la curiosidad de visitar los restos del Fuerte y le consulto sobre su ubicación y cómo llegar al  guardafauna.
No tiene idea. 
¡Qué pena!, debemos estar cerca, pienso.


2.-Parada en Puerto Pirámides.

Seguimos nuestro camino. A las 15 hs. debemos estar en Caleta Olivia para ver la llegada de las orcas, ya que a esa hora sube la marea.Entonces, nos vamos a almorzar a Puerto Pirámides.
Consultamos en la oficina de turismo y nos recomiendan un restaurante llamado Paradise.
También pregunto por la ubicación del Fuerte San José y tampoco tienen idea. Mala suerte.
El restaurante es muy lindo. 



Carlos y Dicky comen "vieiras gratinadas" que parece estaban muy buenas. Yo sigo, por ahora, con mis ensaladas.


3.-Rodando por Península de Valdes.

Dejamos Puerto Pirámides y empezamos con el camino de Ripio. Maneja Carlos. Al principio vamos con cierto temor porque el auto va como "surfeando" entre la huella y las piedras y debemos bajar la velocidad.


El camino es difícil y no se puede andar a más de 80 kms. por hora.
El paisaje es desértico pero poblado por guanacos que a veces comen tranquilamente, a veces corren y algunas veces se cruzan.



Al poco rato vemos un auto parado en la mano contraria que hace señas. Es una mujer. Nos dice que está perdida, sin señal en medio de los caminos de ripio y qué no sabe si va bien para volver a Puerto Pirámides. Le decimos que sí y nos agradece como a salvadores.


4.-Caleta Valdes.

Después de más de una hora llegamos a la costa y vemos la Caleta Valdes.
Es como una laguna separada del mar por una franja de tierra y piedra, la que cuando sube la marea se llena de especies marinas.



Hacemos una parada en una pingüinería sobre la propia Caleta.


Despúes de haber estado en Punta Tombo, no nos llama mucho la atención y seguimos viaje.
Al rato llegamos al lugar propiamente dicho donde está el Centro de Visitantes de Caleta Valdes.
Hay un mirador alto y uno mas abajo.


También una senda, separada de ida y vuelta, para caminar hacia la Caleta y acercarse a la orilla del mar.
Nos ponemos a contemplar el mar y a escrutarlo, como todos, buscando la llegada de las orcas.
En esa tarea entramos en conversación con un fotógrafo que tiene un equipo impresionante con trípode.
Nos cuenta que se llama Néstor Sandoval y que si bien es un aficionado, tiene un blog con fotografías y videos de la fauna marina de la zona, de la que es un experto. 
Como las orcas tardan en llegar, nos muestra un video muy interesante en el visor de su super cámara.
Ya llevamos dos horas de espera y las orcas no aparecen.
Nos consolamos observando a los elefantes marinos que descansan en la costa del mar.



Nos cuenta el guardafauna que los elefantes marinos pueden llegar a pesar 3.000 kilos y a medir 6,50 metros. Llegan a la costa en agosto para aparearse y cambiar el pelaje. Las crías pesan 50 ks. al nacer y son amamantadas por un mes. Luego, en abril, la colonia regresa a aguas profundas para alimentarse.
Mas tarde salimos con Carlos a caminar por el sendero hasta la Caleta.
La experiencia es muy linda, si bien hay carteles que advierten sobre víboras venenosas como la Yarará Ñata.



Por fín llegamos al final del camino y la vista del mar y la Caleta es hermosa.



Al volver vemos por suerte animales mansos, entre ellos una linda mulita que salió corriendo al vernos.





Al regresar, tomamos una merienda los tres en el bar del complejo.
Hay un cartel que nos informa que el nombre de la Península de Valdes deriva del de esta Caleta y que el nombre de la Caleta se puso en honor a un ministro de la Marina Española, Antonio Valdes, que fue el protector de una expedición española que entre 1789 y 1794 exploró todo el mundo, incluso estas tierras. Muy interesante.

VIDEO: Te invito a visualizar la vista de la costa desde el mirador de Caleta Valdes.


El camino de vuelta se hizo largo. Ibamos con el sol en contra y los autos que iban y venían levantaban polvo. Por suerte llegamos bien a Puerto Pirámides y de allí todo es pavimento hasta Puerto Madryn.


5.-Ultima noche.

En Madryn se quedó Dicky descansando un rato y salimos con Carlos a dar una vuelta y a comprar algunos souvenirs y recuerdos.
Buscamos la Feria Artesanal y, en rigor hay tres, bien puestas frente al mar.


Pasamos por el monumento al buceo donde se recuerda que es la capital nacional de ese deporte, que empezo en la zona en los años 50 con la llegada del experto buzo francés Jules Rossi. Es verdad, está lleno de agencias y clubes de buceo.



También recorrimos los negocios de lo costanera con diversidad de objetos.
Yo comprén una cola de ballena de cerámica hecha con una técnica japonesas y un par de animalitos de onix: una ballena y un pingüino.
Luego buscamos a Dicky y salimos a cenar en nuestra última noche en Madryn.
Encontramos un restaurante donde comimos muy bien. Había música en vivo y el mozo fue tan atento que cuando pedí café lo fue a comprar afuera ya que allí no lo vendían. Fue una linda cena con platos gourmet elaborados por el chef Damián Rodríguez.




Nos vamos a dormir cansados para tomar mañana el vuelo a Buenos Aires.

6.-El día del regreso.

Al día siguiente amaneció el tiempo feo y lloviendo.



No nos resignamos y salimos a dar una vuelta con el auto para aprovechar el tiempo antes de la salida del avión a la tarde.
Yo quería ver las famosas cuevas a donde habían estado los inmigrantes galeses en los primeros tiempos desde que llegaron en el barco "La Mimosa" en 1865.
Llegamos a Punta Cuevas pero el Museo del Desembarco, siendo domingo a la mañana, estaba cerrado. No obstante, bajamos a la playa y pudimos visualizar la entrada de las cuevas.



También unos hermosos murales que evocan la gesta galesa. Emocionantes. 


Muy cerca está la estatua en homenaje al indio Tehuelche, amigo de los galeses. 
La estatua está con su arma en un mano y oteando el horizonte. Emociona también pensar en cómo cambiaron sus vidas con la llegada de los europeos.



Seguimos por la costanera y llegamos a Playa Paraná. 
Es un lugar muy particular donde se ven sobre la superficie los restos de un barco hundido. La playa es utilizada como lugar para campamento de las casas rodantes y motor-home. 



Seguimos viaje, ya entusiasmados con cosas nuevas, hasta Punta Loma, donde hay una lobería. 
Lamentablemente el complejo estaba cerrado a causa de un auto encajado en el camino, según nos dijeron.


Volvimos resignados para el centro y almorzamos en el Parador Uno de la Costanera, en el mismo lugar donde habíamos comido al llegar el primer día.
Después todo fue una corrida: cargar nafta, devolver el auto en el aeropuerto (por suerte sin novedades), esperar la salida del avión, embarcar y viajar.
El vuelo fue bueno y esa noche ya estábamos en el Aeroparque.
Siempre es bueno partir y también es bueno volver a casa.
Ahora cada uno seguirá su camino, hasta el viaje del próximo año, si Dios quiere.
Nos quedamos todos pensando en esos enormes espacios costeros de nuestro querido país, en la belleza del mar y en la extraordinaria fauna que los habita.
En las historias de Tehuelches, conquistadores españolas y épicos galeses.
También en la fuerza enorme de la naturaleza, que nos puede conectar con la divinidad.
Será hasta la próxima y ¡Gracias por acompañarnos!







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