De Laguna del Desierto al Calafate nocturno.




 

RUTA 40 SUR. 6/8

Amanecemos en “Senderos Apart” del Chaltén, y volvemos a la ruta, esta vez hacia el norte, por la ruta 41 hacia la Laguna del Desierto. Es un viaje de 37 kms. pero, por las condiciones del camino, se pude tardar una hora y media. Luego hay que volver al Chaltén para ir hacia el sur a Calafate.

Antes de salir buscamos una estación de servicio y descubrimos que no hay. Hay solo un puesto precario con un surtidor que atiende una sola persona. Lo curioso es que está todo lleno de calcomanías que se ve deja cada persona que pasa.

Ya en dirección al norte, el camino va por un valle, a veces desértico a veces muy arbolado, a veces recto y llano, a veces curvo y estrecho entre hermosos árboles de lengas y ñires, siempre siguiendo el curso del Arroyo del Salto y con montañas nevadas de fondo. 

Cada tanto hay miradores para parar y contemplar el paisaje. Es precioso y vale la pena.

En seguida comienzan a aparecer carteles advirtiendo sobre la posible presencia de “huemules”, con son ciervos enanos originarios, y la necesidad de cuidarlos y avisar al guardaparques. Se ve que están en extinción. Lamentablemente no vimos ninguno.


Cada tanto aparece alguna estancia, hostería o camping, lugares que reciben a los turistas con diversos servicios. Una muy linda es la Estancia Bonanza, con un hermoso puente colgante sobre el río, al que pudimos subir porque vimos la tranquera abierta. Luego nos echaron amablemente por no ser huéspedes. 

También hay puentes de metal, uno de ellos fue un puente ferroviario traído del norte y adaptado que es orgullo de la zona.

En un momento llegamos a la “Plaza Soberanía”. Allí leemos que la zona fue objeto de un conflicto limítrofe entre Chile y la Argentina debido a la escasa información que se tenía de ella cuando se firmó el Tratado de 1881. El peor momento fue cuando los carabineros chilenos avanzaron y tomaron una estancia argentina y gendarmería los desalojó. En el encuentro murió el teniente chileno Hernán Merino en 1965. La disputa fue resuelta en 1994 por el fallo de un tribunal arbitral, ratificado en 1995, que sentenció en favor de Argentina una zona de 481 kilómetros cuadrados que se hallaba en disputa.

Finalmente llegamos a la Laguna del Desierto que tiene dos partes. Una primera, frente al río, donde hay una hostería, cabañas y una “Tea House” donde tomamos un rico chocolate.

Allí nos encontramos con un grupo sacando fotografías a todo lo que existía. Se trataba de un foto-travel dirigido por el profesor Efraín Dávila, quién con 18 alumnos adultos de Buenos Aires y de Neuquen, en una combi muy grande, están recorriendo el Chaltén y Calafate. Un excelente programa

Siguiendo un sendero, a unos 500, se llega a la Laguna del Desierto. Hoy justo no hay navegación pero hay dos lindos barcos de paseo atracados en el muelle. La vista es preciosa y se ven en el fondo las nieves del Glaciar Huemul. 

Nos cuentan que la laguna está en un valle que corre entre el lago San Martín y el monte Fitz Roy. La altura mínima es de 250 mts. y la máxima en el monte Fitz Roy es de 3406 mts.

Ahora ya desandamos el camino hacia el Chaltén y partimos hacia el sur, rumbo a Calafate. Al principio se ve el Lago Viedma a la derecha del camino, con un hermoso color verde, y la estepa a la izquierda.

 Luego todo es estepa entre montes bajos sin vegetación o pequeñas mesetas. Vuelven a aparecen los guanacos a ambos lados del camino y hay que tener cuidado porque a veces se cruzan.

Un lugar interesante es el cruce de la Estancia Las Leonas, donde hay muy cerca un bosque petrificado y un observatorio astronómico abandonado. Después de un largo rato se comienza a ver el Lago Argentino, que aparece y desaparece en el horizonte. En un momento salimos de la ruta y bordeamos la parte de atrás del lago y bajamos con la camioneta hasta la playa. Es muy lindo.

Retomamos el camino y ya vemos los techos de Calafate, que son bajos. Ahora el lago aparece con sus dos colores, resultado de la diferencia de corrientes de la bahía. La ciudad de Calafate es grande y extendida, la atravesamos hasta nuestro alojamiento aquí, el hotel Patagonia Blanca. La vista es hermosa.


Descansamos y armamos el programa para la noche: una experiencia de “astroturismo” en una estancia.

A las 20 hs. Nos vienen a buscar en una combi. El guía se llama Bryan Gonzales, de Venezuela, y somos en total 11 turistas. Llegamos al rato a al Estancia Galón del Glaciar, dedicada a la cría de ovejas y ahora inclinada al turismo. El programa tiene cuatro pasos: visualizar ovejas y ver la forma de la esquila, tocar la lana cruda y conocer su historia en la zona; una cena muy amable, donde nos sirvieron de plato principal lentejas; una charla explicativa, con proyecciones, sobre el mapa del cielo y las estrellas; y el plato principal, salir a ver la noche y ver la luna y estrellas distantes con dos telescopios allí instalados, uno manual y otro con computadora. Bryan nos iba explicando y señalando estrellas con un puntero laser. Fue todo muy instructivo y mágico, bajo la luz de una luna creciente.

Cerca de las 23,30 hs., ya muertos de frío, subimos a la combi y volvimos al hotel bajo la luz de la luna. Una gran experiencia.


P.D. Podrás encontrar otros episodios de este viaje, otras crónicas, reflexiones y cuentos en este mismo blog.

 

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