La rueda
El choche avanza por la Panamericana.
Es el momento de la vuelta al hogar. Suena música. La ruta
no está muy cargada y permite fluir al vehículo por el carril del medio a
cierta velocidad.
Ya estoy cerca de
llegar a casa y, como si imitara a un caballo que vuelve a su querencia, parece
que el auto pide llegar cuanto antes y se acelera solo.
De repente, un coche
pequeño que anda un poco más adelante, por el carril de la derecha, zigzaguea,
frena y sale de la ruta quedando detenido en la banquina.
Mientras miro la
maniobra y paso a su lado veo que le sale disparada su rueda delantera
izquierda y que la misma cruza a toda velocidad la ruta en el lugar donde
estuve pocos segundos antes.
Miro espantado
por el espejo retrovisor y veo que un auto que venía detrás hace una maniobra
de esquive.
Mi coche sigue y ya
no puedo ver más por el espejo. Tampoco puedo frenar de golpe porque podría provocar otro
accidente. Sigo mi camino compungido.
Me pregunto si
habrá habido o no un accidente provocado por el recorrido de la rueda o por su
detención en medio del pavimento.
Pienso en el
conductor del auto. Me pareció que era un joven en un auto modesto. Debe ser horrible sentir que
la rueda delantera de tu auto empieza a rebotar, perder el control, salir a la banquina y ver cómo
esa rueda sale disparada sembrando el pánico y quizás algún accidente.
Sentirse víctima
por perder la rueda y quedar varado al costado de la ruta y, al mismo tiempo, sentirse
responsable de cualquier eventual accidente.
Espero que el
disparo de la rueda no haya tenido consecuencias (afortunadamente no leí nada
al respecto sobre un accidente grave ese día y a esa hora) y que ese
desafortunado conductor, el que perdió la rueda y quedo varado, haya podido superar el trance.
Ahora pienso en el destino, en mi propio destino. De haberme demorado unos segundos la rueda me habría alcanzado y yo haber tenido un accidente con consecuencias imprevisibles.
Tuve mucha suerte.
Pienso en la
rueda de la vida, esa otra rueda que a veces, sin discriminar méritos, dispara
situaciones o hechos que pueden ser devastadores.
Por mi parte, doy
gracias a Dios y vuelvo a aferrarme a mi amiga, la Providencia.
También repito
como un mantra la estrofa de la “Canción para mi muerte” de Sui Géneris:
“Yo te pido que
me avises si me vienes a buscar… no es porque te tenga miedo… solo me quiero
arreglar...”
¿Será un aviso?
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